Tenía una perra pequeña que se llamaba Ronja que yo
solía a pasear casi todos los días. Era algo de la más divertido que hacía. Una
vez cuando paseaba con Ronja ella desaparecía. Yo no la encontraba de nuevo
antes después de dos horas. Estaba luchar muy alegre cuando la ví de nuevo.
Mi comida favorita era sopa de tomate y mi papá
solía hacer para cenar casi todos los miércoles. Finalmente yo comía sopa de
tomate tan a menudo que ya no me gustaba más.
Cada verano estaba con mis abuelos en su cabaña. Allí
conducíamos yo y mis primos barco y jugábamos juntos todo el día. Era tan
divertido estar en la cabaña que yo nunca quería a volver a casa. Un verano en
la cabaña rompía mi pie cuando jugábamos a la gallina. Me escondía encima de una
nevera y torcía mi pie cuando yo saltaba abajo.
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